" Nunca hay una libertad absoluta"

Estas estrechas calles me hacen recordar a mi antigua vida, aquella vida tan lejana a una verdadera.
Recuerdo que antes estudiaba siempre, solo por mi madre. Mi madre... Tan mala aquella vida antigua, no fue. Si estudiaba y me esforzaba por ser el mejor era por mi madre, verla satisfecha de mí, era lo mejor. Solo a mi madre, solo a ella. Bien sabía yo, que las medallas obtenidas que no eran nada significativo para mí, para ella eran grandes trofeos, y verla feliz era acojedor.
Aquella mujer tan bella, buena, amable y pecadoramente ambiciosa, era todo para mí. Y todo lo mío era para ella. Nunca hubiese lastimado a aquel ángel protector. Por ello hasta finalisar la universidad, todo lo que hacía era solo para complacerla. Estudié derecho, la carrera más abrumadora, aunque para mí cualquiera lo era. Pero mi madre siempre me insinuó que desearía tener un hijo abogado, y pues para variar, yo era hijo único de madre soltera.
Todos los días un beso de mi madre era suficiente para compensarlo, nunca le mostré toda la agonía de mi alma.
Cuanto odiaba estudiar algo que jamás entendería, defender a tu quien sabrás que... Cuanto hubiese querido estudiar Literatura, vivir de los libror por los libros y solo para ellos, pero no... A aquella mujer, no podría dañarle, toda mi infancia la había visto sufrir, y seguramente su corazón que era solo cálido para mí, tendría tatuadas tantas tristezas como los silencios en mi vida y yo jamás me atreví. Creo que he fallado... Pero es muy tarde.
Un día usual llegué a casa temprano. Nunca me inmiscuí con algún compañero de la universidad, pues literalmente odiaba toda esa sucia sociedad de personas sin vida y leyes que no se cumplian. Odiaba las reglas.
Mi madre estaba sentada en su sofá mirando hacia la ventana que daba una vista estupenda a nuestro jardín. Le di ese usual beso en la mejilla de saludo, y aquella tarde de Noviembre, noté que mi madre estaba muy fría, muy fría. Entonces, miré fijamente mi mapa, el mapa que había sido mi guia en toda mi vida, y que ahora había muerto. Que en realidad no era mi guía, sino más bien mi opresión. Y desde ese momento era libre... no había quien me diga que hacer, tenía una casa solo para mí, una pensión diaria y era ello suficiente para vivir por unos cuantos años...
De ahí, todo cambió. Terminé de estudiar Derecho, por que sentía que debía de hacerlo así. Y cuando obtuve mi título, lo colgué a un lado de la lápida que tenía tallado el único nombre familiar para mí.
Esa fue la última vez que vicité la tumba de mi madre. Ahora 20 años después, recordarlo me hace pensar que aquella vida no fue tan sin sentido, como lo es ahora.
Dejé todo atrás y vivo de bohemio, al principio pensé que seria genial, una manera de recuperar los años perdidos, pero sé que ello ahora tan dentro de donde estoy es una utopía... no quiero ni puedo dejar esto. Quería ser libre pero ¿que soy ahora?, y si quisiera dejar esta vida consumada ¿que haría después?, no... ciertamente ya no puedo más.
El tiempo ojala y arregle las situaciones, por que yo... ciertamente, ya no puedo más.
Un día usual llegué a casa temprano. Nunca me inmiscuí con algún compañero de la universidad, pues literalmente odiaba toda esa sucia sociedad de personas sin vida y leyes que no se cumplian. Odiaba las reglas.
Mi madre estaba sentada en su sofá mirando hacia la ventana que daba una vista estupenda a nuestro jardín. Le di ese usual beso en la mejilla de saludo, y aquella tarde de Noviembre, noté que mi madre estaba muy fría, muy fría. Entonces, miré fijamente mi mapa, el mapa que había sido mi guia en toda mi vida, y que ahora había muerto. Que en realidad no era mi guía, sino más bien mi opresión. Y desde ese momento era libre... no había quien me diga que hacer, tenía una casa solo para mí, una pensión diaria y era ello suficiente para vivir por unos cuantos años...
De ahí, todo cambió. Terminé de estudiar Derecho, por que sentía que debía de hacerlo así. Y cuando obtuve mi título, lo colgué a un lado de la lápida que tenía tallado el único nombre familiar para mí.
Esa fue la última vez que vicité la tumba de mi madre. Ahora 20 años después, recordarlo me hace pensar que aquella vida no fue tan sin sentido, como lo es ahora.
Dejé todo atrás y vivo de bohemio, al principio pensé que seria genial, una manera de recuperar los años perdidos, pero sé que ello ahora tan dentro de donde estoy es una utopía... no quiero ni puedo dejar esto. Quería ser libre pero ¿que soy ahora?, y si quisiera dejar esta vida consumada ¿que haría después?, no... ciertamente ya no puedo más.
El tiempo ojala y arregle las situaciones, por que yo... ciertamente, ya no puedo más.




