Caminando sigilosamente entre los pasillos, solo podía pensar en que aquel momento era el fin. Mis pasos secos se escuchaban entre el eco de los mismos, me sentía tan asustado. Fue entonces cuando pasó. Venían por mí, los escuchaba, estaban recorriendo todos los pasillos. Lo único que atiné a hacer entonces, fue entrar a la primera habitación contigua a mi, y presionando el pestillo me desvanecí en mis pensamientos. El no saber por que eres perseguido, y finalmente, sabía muy bien que si me atrapaban moriría. Inhalé y exhalé unas cuantas veces, y al recuperar el sentido recordé que tenía que huir. Solté la perilla de la puerta con mucho cuidado y asegurándome de haber presionado el pestillo, traté de calmarme.
Por lo que había visto hasta ahora, ellos podían sentir el miedo que emanaba mi cuerpo cada vez que pensaba en estasituación. Miré el techo de la habitación que se había convertido en mi refugio momentaneamente. Di un paso hacia atrás y escuché un leve chapoteo. Qué extraño fue aquel sonido. Miré mi calzado, y ahí estaba toda la prueba.
Aquel líquido que acababa de salpicar entre mis pies, era de color rojo, muy oscuro. Al darme cuenta de ello y concentrando todos mis sentidos a esa situación y no dejándome llevar por el pánico, reconocí un pequeño goteo que no había persivido hasta ese momento. Buscando su procedencia, gire lentamente, percatándome de que no era solo un charco de sangre en el que estaba parado, pues esta, cubría casi toda la proporción de suelo en la habitación. Un putrefacto olor hirió mis sentidos, cubrí mi nariz con las manos, el goteo se hizo más incesante, tratando de calmarme di unos pasos hacia delante, y al voltear, sobre el sofá, la vi.
Apesar de estar pálida, tendida sobre el sofá, aun era bella. Era muy hermosa, a pesar de estar toda ensangrentada. Su brazo izquierdo colgaba a un lado del sofá, y aún hasta ese momento, su sangre seguía goteando. El sonido se hizo envolvente, sentí como el frío ingresaba entre mis venas. Diane estaba muerta. Sin querer asimilar el cuadro que estaba presenciando, sentí muchas ganas de escapar. Di un paso en falso y caí estrepitosamente sobre el aquel líquido, que en algún momento cundió por las venas de mi amada esposa. Di un grito seco, y un sentimiento tan extraño y tétrico se extendió sobre todo mi cuerpo. Fue tan extraño ello, cada vez que lo recuerdo me estremezco de una manera tan violenta que la enfermera tiene que venir y calmarme rápidamente. Fue muy violento y doloroso ese momento. Estaba yo, sobre la sangre que emanaba aquel olor fétido, cuando intente ponerme de pie, volví a resbalar y terminé completamente empapado de sangre. Respiré una y otra vez, tratando de relajar mis sentidos. Bajo el sofá, en donde estaba recostada Diane, había una figura pequeña, miré hacia mi derecha y entonces estaba allí a un lado, también muerta, y ya imaginaba quien estaba bajo el sofá. Mis hijos... También a ellos los había perdido. Entonces sentí los pasos toscos de ellos, venían por mí. Y ya no tenía nada que perder.
Aquel líquido que acababa de salpicar entre mis pies, era de color rojo, muy oscuro. Al darme cuenta de ello y concentrando todos mis sentidos a esa situación y no dejándome llevar por el pánico, reconocí un pequeño goteo que no había persivido hasta ese momento. Buscando su procedencia, gire lentamente, percatándome de que no era solo un charco de sangre en el que estaba parado, pues esta, cubría casi toda la proporción de suelo en la habitación. Un putrefacto olor hirió mis sentidos, cubrí mi nariz con las manos, el goteo se hizo más incesante, tratando de calmarme di unos pasos hacia delante, y al voltear, sobre el sofá, la vi.
Apesar de estar pálida, tendida sobre el sofá, aun era bella. Era muy hermosa, a pesar de estar toda ensangrentada. Su brazo izquierdo colgaba a un lado del sofá, y aún hasta ese momento, su sangre seguía goteando. El sonido se hizo envolvente, sentí como el frío ingresaba entre mis venas. Diane estaba muerta. Sin querer asimilar el cuadro que estaba presenciando, sentí muchas ganas de escapar. Di un paso en falso y caí estrepitosamente sobre el aquel líquido, que en algún momento cundió por las venas de mi amada esposa. Di un grito seco, y un sentimiento tan extraño y tétrico se extendió sobre todo mi cuerpo. Fue tan extraño ello, cada vez que lo recuerdo me estremezco de una manera tan violenta que la enfermera tiene que venir y calmarme rápidamente. Fue muy violento y doloroso ese momento. Estaba yo, sobre la sangre que emanaba aquel olor fétido, cuando intente ponerme de pie, volví a resbalar y terminé completamente empapado de sangre. Respiré una y otra vez, tratando de relajar mis sentidos. Bajo el sofá, en donde estaba recostada Diane, había una figura pequeña, miré hacia mi derecha y entonces estaba allí a un lado, también muerta, y ya imaginaba quien estaba bajo el sofá. Mis hijos... También a ellos los había perdido. Entonces sentí los pasos toscos de ellos, venían por mí. Y ya no tenía nada que perder.
De rrepente sentí una felicidad indescriptible y exótica rosar todo mi cuerpo. Me puse de pie, y a pesar de estar ensangrentado, me sentía libremente feliz.
Empecé a reír a fuertes carcajadas, no sé por qué, pero aún hasta ahora me pasa.
Entonces por alguna sin razón los vi. Diane y mis hijos estaban ahí, de pie frente a mi. Diane tan bella, y mis hijos tan hermosos. Sin pensar en nada más empecé a alagarlos, a decirles cuanto los quería, y a pedirles perdón por irme de casa y dejarlos solos en la guerra.
Les conté que había desertado cuando supe que vendrían aquí a invadir, y que a sabiendas de que aquellos sangrientos soldados matarían a cualquier ser con vida, vine a protejerlos. Y tenía muchas cosas más que contarles, pero entonces los escuché... Asustado por ellos, por su seguridad, los quería esconder para que no los mataran. Les grité que se escondieran, pero ellos seguían mirándome, regalándome sonrisas y miradas dulces. Me desesperé, no quería que los lastimaran. Entonces recordé el lugar en donde me encontraba, recordé que Diane estaba muerta y que mis hijos también lo estaban... Al subir la mirada, Diane y mis hijos habían desaparecido. Esta nueva pérdida me hizo sentir nuevamente triste, sólo.
Lloré estruendosamente y empecé a gritar mi ubicación. El sonido se hacia más cercano, para entonces ya sabrían que estaba ahí. Y grité cada vez más. Mi garganta se exasperaba, y aún así seguía gritando. Me arrodillé. Aún estaba ensangrentado y ellos estaban tras la puerta. La felicidad de recordar a Diane me emocionó nuevamente y empecé a reír de felicidad. Un golpe ensordecedor me hizo volver en mí, la puerta se abrió y una luz cegadora cubrió mis ojos.
Solo recuerdo que una mañana desperté, no tenia ganas de saber en donde me encontraba. Nunca se lo pregunté a nadie. Solo estoy aquí. Sentado sobre esta cama. No paso mucho tiempo para percatarme y deducir pasivamente que este recinto es un albergue de dementes... "El albergue de los afortunados".
No me sorprende, soy consiente de que no estoy bien y que necesito estar encerrado aquí, pero me gusta... Aquí dentro no conozco a nadie, y fuera de estas paredes puramente blancas, no tengo la menor idea de lo que pasa. Tal vez la maldita guerra ya haya terminado, pero ello me tiene sin cuidado alguno.
Aquí, mi mundo empieza y termina. Soy feliz... Y también, soy yo. No necesito de nada más.
Cada cierto tiempo Diane y mis hijos vienen a visitarme. Y en esos momentos siento una algarabía en mi alma, que nada podría remplazar
Aquí estoy solo. Pero aveces soy muy feliz... Y es cuando viene la enfermera a tranquilizarme.
Cada cierto tiempo Diane y mis hijos vienen a visitarme. Y en esos momentos siento una algarabía en mi alma, que nada podría remplazar
Aquí estoy solo. Pero aveces soy muy feliz... Y es cuando viene la enfermera a tranquilizarme.
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