" SIN VERGUENZA "
Cuando la vi por primera vez, no me pareció un gran reto, era muy parecida a la que veia constantemente cerca de casa. Claro, el reto más grande sería que si nos descubriesen tendríamos que afrontar las consecuencias de atentar contra nuestras vidas al saltar tal reja de gran tamaño. Pero el aniversario del colegio era un evento del cual yo quería escapar y la razón era acertada. ¿Quién estaría mirando durante 4 horas seguidas, parado, un monton de presentaciones improvisadas?, sin contar que es la nocturna y estaba garuando.Si algo no soporto es la estupides. Y para mi una estupides era quel evento bochornoso, pero una estupides mayor era quedarse a contemplarlo.
-!No voy a poder! gritaba Edita, podré si tu lo haces primero, mi pantalón me apreta mucho y siento que no voy a poder.
- No, Edita tu debes ir primera, te demoraras más si quedas sola de este lado.
-Yo voy, dije.
Sin esperar a que me confirmaran el permiso me coloque frente a la imponente reja, al estar tan cerca de esta me pareció que su tamaño había aumentado. Esto no me detubo, lancé mochila y diploma al otro lado. Las quejas de Edita me estresaban y volví a maldecir los pantalones "pitillo" que se han puesto de moda. No importa si no te sientes cómoda, no importa si no puedes siquiera plegar las piernas, simplemente la moda es moda. Que estupides. Pero en ese momento no podía ponerme a discriminar las modas del hoy.
Para mi comodidad tenía puesto mi pantalón rasta. Holgado, amplio. Un gran pantalon para tirarse aquella reja y también un gran atentado a la moda.
Extendí mis brazos hacia lo más alto que pude de la reja y acomodando mis dedos entre los fierros oxidados me impulsé ágilmente. Nunca he sido torpe, es más, nunca Educación Física fue un gran reto para mí, con esto no quiero decir que me agrade, pero sin querer siempre he sacado las notas más altas. Acomodé uno de mis pies en los paralelos de la reja y este fue mi último impulso para llegar a al precipicio. Sintiéndome realizada por aquella hazaña me acomodé para usar el poste de alumbrado como el tubo de una gran bombera o el de una gran nudista, me deslicé.
-! Que piraña es esta loca! Ahora te toca a ti Edita.
Mi querida compañera me lanzó su mochila e imitando mis movimientos y sopesando con su incomodo pantalón llegó al precipicio, claro sin antes haber volteado unas doce veces con miedo de que nos descubriesen. Me pareció raro que no bajase, y luego lo intuí, tenía miedo. Ella no sería una gran bombera o una gran nudista, pensé.
La ayudé a bajar tomándola por la cintura y mostrándole mis peores ánimos, entendió que cuando esté cerca mío nunca debía darse por vencida.
Harbie retrocedió unos metros y solo dándose impulso con una mano, todo su cuerpo rodeo rítmicamente la reja. Tomamos nuestras cosas corrimos hacia el otro lado del colegio, el que servía de estancia a las "señoritas" del turno mañana. Ahora solo teníamos que mentirle al portero y listo, ello no fue una gran hazaña, las mentiras son cosa cotidiana y sabiendo ello, no fue dificil formular una.
Ya fuera de la escuela reímos a carcajadas por toda la hazaña, eran tal vez carcajadas de victoria y de alivio, pero en realidad fue muy único.
En la esquina de la escuela nos separamos, eran recién las nueve de la noche, y aún así queríamos ir a nuestras casas. Para nosotros era solo un escape, y el momento no tenía que ser manchado.
Junto a Edita caminamos por Av. Salaverry. Caminamos entre los restos de una feria de la cual nunca supe su existencia, y ya no había color, ya no había felicidad, que es lo que llevan las ferias a donde van, solo los restos que aquella entrega quedaba.
Terminando la calle, casi llegando a casa de Edita, un arreglo de globos que seguramente abría estado en la entrada de la feria, yacía tirado a un lado, ahora sin valor alguno. Me acerqué, y dejando a un lado mi diploma cogí el arreglo. Edita me ayudó a movilizarlo pues era muy grande. Nos sentamos en una banca cercana y sin intercambiar comentario alguno empezamos a reventar los globos, uno por uno. En la Av.Salaverry, se escuchó ayer a las nueve y media de la noche el final de la feria sin nombre, y como acto final, dos orates que revientan un gran arreglo de globos en el distrito de Jesús María.
Más que unos minutos nos demoramos para que la función terminase, las personas que pasaban nos miraban extrañados, y nosotras muy animadas, riendo y disfrutando el momento que era único no pusimos atención. Yo di al último globo el apretón final y así la función acabó. Recogimos los restos de nuestra hazaña y botándolos en su lugar caminamos lo que quedaba de la calle. En esa esquina me despedí de Edita, y en el paradero esperando que mi auto apareciera recordé todo lo hecho, cada momento único, sentí entonces mis manos vacías, ya no había diploma, lo había perdido. Aquello no me importaba en lo absoluto, no me sentía merecedora de un premio sin esfuerzo alguno, y aquel diploma jamás debio tener grabado mi nombre.
Siento alivio de vivir intensamente, alivio de no tener verguenza ante lo nuevo, de no tener miedo al afrontar momentos únicos como estos, que alivio que no soy vanidosa, que alivio que tengo valor. Y... que alivio que existan los cómodos pantalones rasta.



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