No más ayer, pude ver a mis espaldas la asquerosa realidad, los vi a todos ellos engañandose a si mismos. La hipocrecía, oh la hipocrecía es la realidad. Si solo en mí puedo confiar, si solo en mí... y tal vez no deba, pues si solo yo no estoy cegada como los demás, francamente algo debe estar mal en mí. Si todos buscan la combeniencia, buscan la división, ¿dónde estoy yo? ¿en qué parte de esta sociedad? Al lado de los dementes, de los alcoholicos, de los que son diferentes, de los que estan mal... ahí debería estar.
Yo estoy plenamente segura que no soy la que ha fallado, pues yo no condeno, no combengo, pero doy y tal vez siento que a muchos debo sin conocerlos. Estos trágicos sentimientos son garrafales hacia mí, pues hay días en los que la luz quema demaciado mis ojos, y ya no quiero ver más. Hay veces que decearía ser verdaderamente ciega.
Hay veces en las que me concidero embriagada. Embriagada por la felicidad que imagino para mis adentros, embriagada por la vida y la dicha que siento al no ser ciega. Embriagada por ningun licor... pues ser quien soy es bastante droga para un solo cuerpo. Y entonces es ese el momento... el momento preciso en el que me estrello inevitablemente con la realidad pura y clara. Estoy sola, pero no... por que quitarse la venda no puede ser más dificil que el que nació sin esta, y estar solo... estar solo es no tener una guía para sí...
Bien una vez escuché que tal vez existian muchos cegados y pocos humanos, y los demás, los demás no cuentan. Ellos se encargarán del final... pues solo para finalizar existen.
Y yo... viciono la humanidad. Que si bien necesito este cuerpo prestado para cumplir mi meta, sé que mi alma ya no es mía, pues la he entregado. Y eso no importa.
Hay veces... solo unas cuantas, en las que pienso en mi libertad... pensar en una entrega es algo literal. Pero lo almado... lo almado en todo esto es que nací libre y eso es suficiente, pues así finalizaré.
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